¡Comprame un cuadro, tio!
LA CASITA DE JORGE
Recordaremos siempre los lugares donde la sorpresa ha coincidido con lo real para conformar el mapa de la amistad.
Ahí tenemos la soberbia cumbre del Montcabrer, el pico más alto del territorio Serpis, rodeado por otras montañas y árboles erectos en plena efervescencia de tonos verdes matizados por una ecológica naturaleza.
Al mirar hacia abajo se abre la perspectiva y todos los pueblos del alrededor se esparcen bajo la lupa de luz, Beniarrés y su pantano, Gaianes, Cocentaina, Muro…, el surco sinuoso del río Serpis y una múltiple profusión de chalets, casitas, bancales y pinadas diseminadas por el eje neorrural para complacencia de los ojos que trasmiten su sensibilidad hacia la admiración; bellísimo paisaje, magnífica ecología, nuestra casa común.
Debajo mismo del Montcabrer hay una pequeña casita con su discreta piscina, el pino piñonero, una fuente natural que brota incesante entre unas peñas para refrescar el conjunto y, a su conjuro, una espléndida higuera ratifica la singular belleza del cuadro. Esa casita y sus seis mil metros cuadrados vallados, dos o tres cerezos, dos nogales, manzanos, etc. son de mi querido amigo Jorge Córdoba, para mí, un símbolo de orgullo e independencia; quiero bien a ese niño mayor que le habla de tú a la superación, con un duro luchar por ella a base de voluntad y trabajo.
Allí he pasado dos naturales días junto con su hermano Dani y cuatro amigos más, en plena naturaleza, descanso, baños, comida y sol, sol, como de costumbre casi me quemo, pero mi piel ha salido ganando, después de todo un invierno sin saber nada de él y ha cogido el tono natural de los veraneantes domingueros.
Por un momento la vida te da la oportunidad de relajarte y poner un velo entre la realidad cotidiana y los momentos de evasión donde tendemos nuestro desnudo cuerpo para que el sol lo bese y luego nos damos un chapuzón y nos tomamos una cerveza en plena amistad con otras personas. Eso es para mí el verano, la interrelación con otras personas bajo el palio de la naturaleza, relajados, sonrientes, comentando sucesos o anécdotas nocturnas bajo una luna llena que hechiza los alrededores dándoles el carácter mágico de cuentos alrededor de una hoguera prehistórica, o matizando nuestro ritual levantisco mientras un aire fresco llena nuestros pulmones, ensanchándolos en un abrazo con los olores característicos de nuestro ecológico mundo.
Muchas gracias Jorgito Córdoba por invitarme a estar en tus dominios bajo la protección del Montcabrer; otro símbolo de nuestro ecológico Estar. Han sido mis primeros días en una casita de campo este año 2010.